¿Sabías que el origen del “pulpo a feira” está relacionado con los monasterios de la Ribeira Sacra?

Hay dos cosas que seguro que sabes: los pulpos viven en el mar y sirven de base para uno de los  platos gallegos más populares. Pero lo que seguramente no sepas es que el origen del pulpo á feira está en la Ribeira Sacra (comarca interior de Galicia). Y es aquí, en la Ribeira Sacra donde mejor se prepara este plato estrella de la gastronomía gallega (o eso dicen). ¿Y qué relación tienen los monasterios románicos con todo esto? ¡Sigue leyendo y descúbrelo!

Tres monasterios que no te puedes perder si te gusta el buen pulpo á feira

Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil

El monasterio románico de Santo Estevo de Ribas de Sil se encuentra en Nogueira de Ramuin (Ourense). En concreto, está  situado en el margen izquierdo del río Sil, por lo que se encuentra justo al lado de sus cañones.

esta longeva construcción anterior al S. X nos permite conocer muchos detalles de cómo era la vida en un monasterio medieval. Sus muros acogieron a la orden de San Fructuoso, a la Benedictina (S. X) y a la Congregación de San Benito de Valladolid (S. XV). 

Aunque ya no se usa con fines religiosos, la arquitectura de la Iglesia y del conjunto monasterial es uno de los mejores ejemplos del rico patrimonio románico que atesora la Ribeira Sacra. Además, en su Parador y en las ferias que se celebran en las inmediaciones de este monasterio se puede degustar uno de los mejores platos de pulpo a feira de Galicia.

Monasterio de Santa María la Real de Oseira

El monasterio de Oseira se encuentra en un elevado valle de la sierra de Martiñá, muy cerca del río Oseira (provincia de Ourense) y pertenece a la Orden trapense.

A lo largo de sus más de 880 años de historia, este conjunto arquitectónico ha destacado por su gran influencia económica y social en la comarca. Ello, unido a sus grandes dimensiones, le han valido el sobrenombre de El Escorial de Galicia.

En este hermoso monasterio sitúan el origen del pulpo á feiratal y como lo conocemos.

Monasterio de Santa María de Montederramo

Hablamos de uno de los pilares del Patrimonio de la humanidad. Este famoso monasterio, declarado bien de Interés Cultural en el año 1951, se encuentra situado en el pueblo de Montederramo, en el que preside la “Praza do Mosteiro”. De origen Benedictino, este templo perteneció a la Orden de San Benito y más tarde a la del Císter. Durante siglos fue uno de los monasterios con más poder económico y social de toda Galicia. Sin embargo, con la desamortización de Mendizábal (S. XIX), el monasterio fue adquirido por un particular y en la actualidad, las dependencias en las que vivían los monjes siguen todavía en manos privadas.

Además de ser conocido por su hermosa fachada, una de las grandes obras de la arquitectura renacentista gallega, en Galicia se lleva el buen comer y el monasterio de Santa María de Montederramo es famoso también por su fiesta de la carne… en la que rivaliza en protagonismo con el siempre presente pulpo a feira.

¿Qué comían y bebían los monjes de estos monasterios? Hasta el momento el pulpo no entraba en sus dietas.

Dentro del esplendor que supuso la Edad Media para los monasterios, estos albergaban una incesante actividad que comprendía labores  sociales, religiosas, económicas y culturales. Las jornadas  laborales  de los monjes eran  muy exigentes, por lo que la gastronomía jugaba un papel decisivo  para reponer fuerzas después de un duro día de trabajo.

Hemos de tener en cuenta que, en la Regla Benedictina, la comida era el acto más importante de la comunidad, después de la oración. Todas los platos se condimentaban con aceite, vinagre y sal. Sus recetas eran simples, pero de empuje, con una dieta basada sobre todo en potaje.

Los monjes de la Ribeira Sacra comían  dos veces al día, haciendo de la cena su comida principal. En algunas épocas del año era frecuente alterar la dieta con ayunos y abstinencias por motivos religiosos. Asimismo, aquellos que realizaban trabajos más duros podían recibir más ración que sus compañeros.

El menú diario que se servía a los monjes estaba basado en la dieta benedictina que se basaba en la dieta mediterránea. En su alimentación diaria primaban, por tanto: panes (1kg diario), frutas, verduras y legumbres cocidas. Las carnes y pescados tenían, por contra, un papel mucho más secundario.

  • Los monjes se abstenían de comer carnes de cuadrúpedos, salvo en el caso de enfermos debilitados. La carne de ave, por su parte, se reservaba para los días festivos (como Navidad y Pascua).
  • El pescado se fue abriendo hueco  poco a poco en la dieta benedictina, especialmente los  que procedían de los ríos Miño y Sil (salmones, truchas, lampreas…).

El vino  de la Ribeira Sacra tenía una  gran importancia dentro de la dieta  que se seguía en el monasterio, hasta el punto de ser la bebida principal consumida por los monjes. Los miembros de la comunidad tenían una visión muy profunda del mismo, haciendo de su ingesta un  verdadero acto sociocultural. De hecho, la regla benedictina regulaba minuciosamente su consumo, llegando a permitir el consumo de hasta 3 litros de vino por monje.

Origen del “pulpo a feira” ¿Qué relación tenían los monasterios de la Ribeira Sacra con el pulpo?

¿Cómo llegó el pulpo a la Ribeira Sacra?

Si tuviéramos que  elegir un solo plato para representar lo que significa comer en Galicia ese sería, sin lugar a dudas, el pulpo a la feria (Polbo á feira, pulpo a feira…). Una cosa curiosa es que su ingrediente principal se captura en las Rías Baixas… pero es en  zonas del interior, como en la Ribeira Sacra, donde su degustación cobra incluso más fama.

Ese vínculo entre el pulpo a feira y la Ribeira Sacra nace, precisamente, en los monasterios.

¿Quieres conocer el origen del pulpo a feira? Empecemos por el principio:

Diego Arias recibió, allá por 1112, por sus fieles servicios a Doña Urraca, el coto de realengo de Marín: un pueblo marinero situado en la Ría de Pontevedra.

Al  quedar viudo, Diego Arias decidió hacerse monje cisterciense en el monasterio de Oseira. Para ser admitido en esta Orden, debía renunciar a todas sus posesiones materiales a favor del monasterio como era costumbre.

Entre los bienes  entregados al monasterio estaban los tributos que los marineros  marinenses pagaban por el uso y disfrute de las propiedades que Diego Arias había recibido en 1112. Dicha retribución se abonada en forma de pulpo seco, a modo de pago en especie, ya que de esta forma resultaba más duradero y fácil de transportar.

¿Y cómo nace el pulpo á feira?

Si has leído con atención el post, te habrás dado cuenta de que el pulpo no formaba parte de la dieta habitual que se seguía en los monasterios. Resulta fácil imaginar lo abrumados que se pudieron sentir los monjes ante semejante cantidad de pulpos. Para dar salida a los mismos decidieron repartirlos entre sus feligreses para que se los comieran o comerciaran con ellos: así nacieron los famosos pulpeiros y pulpeiras. Este fenómeno se multiplicó rápidamente por otros monasterios de la Ribeira Sacra como Santo Estevo o Santa María de Montederramo.

De este modo, el pulpo empezó a ser consumido habitualmente en las granjas y, al principio de forma ocasional, en las ferias y mercados. Los habitantes de la Ribeira comenzaron a prepararlo de una forma particular: rehidrataban el pulpo seco, le añadían pimentón, sal gorda y aceite y lo servían sobre un plato de madera, creando así la mítica receta del  pulpo á  feira.

Entre las ferias y los maragatos leoneses la preparación del pulpo á  feira se fue extendiendo por toda Galicia desde la Ribeira Sacra. Aquel sabor exquisito y sus sencillos ingredientes autóctonos pronto le convirtieron en un verdadero icono de la gastronomía de Galicia, hasta el punto de ser conocido como pulpo a la gallega.

En esta relación que une a la Ribeira Sacra con el origen del pulpo á feira ocupa un lugar destacado el municipio ourensano de Carballiño, famoso por las pulpeiras de Arcos y por la Fiesta del pulpo.

La degustación del auténtico pulpo a feria es una de las actividades más esperadas de las rutas que realizamos en Arribeirados ¿Qué te parece acompañarlo del delicioso pan gallego y un exquisito DO Ribeira Sacra? ¡Te va a encantar!

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